La importancia de ahorrar energía

Sabido es que la crisis energética nos está afectando y el descontento que produce la racionalización energética que, lamentablemente puede llevar al desempleo masivo por falta de producción industrial, no nos permite reconocer, cuánta energía malgastamos cotidianamente, a veces mucha más de la necesaria. Más allá de la crítica situación en que nos encontramos, quizás sea esta una buena oportunidad para adoptar conductas más racionales con respecto a la energía que estamos acostumbrados a derrochar.

Podemos preguntarnos qué tienen en común la lamparita del baño que quedó prendida durante toda la noche, y el proceso de recalentamiento que afecta al planeta. A primera vista, nada. Parecen dos hechos no relacionados, pero no es así, pues ese derroche energético está directamente ligado con la degradación del ambiente.

Como ya sabemos una de las principales maneras de generar energía eléctrica es quemar gas, petróleo y carbón. Y esto produce además de electricidad, gases y compuestos químicos que van a parar a nuestra atmósfera. Son estos gases y moléculas de desperdicios los principales impulsores del fenómeno del cambio climático y deterioro ambiental.

Por eso la protección de los ecosistemas depende en buena parte del ahorro de energía eléctrica y técnica, que hagamos.

El Dióxido de Carbono, principal responsable del calentamiento global, no es la única amenaza que sale por las bocas de las chimeneas. Cuando una termoeléctrica “fabrica” electricidad quemando hidrocarburos, también produce compuestos como óxidos de nitrógeno y de azufre. Ambas familias de sustancias están vinculadas con la aparición de la “lluvia ácida”, que ataca de manera directa a los árboles y jaquea la propia supervivencia de los bosques.

Esta mala relación entre “alto consumo energético”, y daño al medioambiente saltó a la vista en tiempos recientes.

La pregunta clave es: ¿cuánta electricidad se puede economizar sin prescindir del confort que nos brindan el aire acondicionado, la calefacción, la luz y el resto de la parafernalia de aparatos eléctricos que nos rodea? Desde ya que mucha. Un informe publicado por la revista Scientific American reconoce que países “gastadores”, como los Estados Unidos pueden llegar a reducir su consumo eléctrico total, entre un 24% y un 44%.

La arquitectura no resulta ajena al desperdicio de energía. Muchos edificios tienen sus ventanas orientadas hacia el sur, en lugar del norte y el este, lo que impide aprovechar la energía solar correctamente. Además, se debe tener en cuenta que por las rendijas de puertas y ventanas se escapa un importante porcentaje de calefacción o aire acondicionado.

Para mejorar esta situación, aislar correctamente las viviendas y oficinas es un paso básico.

Para ilustrar los beneficios del uso eficiente de la energía basta saber que, por cada kilovatio-hora de energía eléctrica que logramos ahorrar, se evita lo emisión de, aproximadamente, un kilogramo de dióxido de carbono en usinas que queman carbón o petróleo, y si las centrales funcionan a gas se lanzarían al aire casi 800 gramos menos de CO2.

En pocas palabras, usar racionalmente la energía eléctrica en una casa, oficina, o fábrica, no sólo es una manera inteligente de bajar la cuenta de luz y ahorrar dinero, sino también de reducir la emisión de gases de invernadero. Y eso resulta indispensable para la salud de nuestro ya demasiado maltratado planeta.

Graciela Maubé de Grisolía | La Opinión

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